jueves, 10 de noviembre de 2011

Los futuros



No se sabe cuándo ni cómo aparecieron los futuros de la avenida. Astucia y picardía los hace inconfundible, pequeños pasos copiando movimientos de los ilusionistas ya experimentados.
Su lugar; un pintoresco y remodelado bulevar adornados con flores y enormes luces, de fondo el monumento llamado Fuente del Milenio. En los pupitres de cemento apoyan las viejas bicicletas para unirse en un sólo grupo después de apagarse la luz de esperanza.
Envueltos en risas y malabares y con sus manos llenas de inocencia pasan al frente para demostrarle al público un mundo que no es el suyo. La vergüenza parece no desanimarlos aunque los más pequeños prefieren ver el espectáculo desde lejos.
Terminada la lección diaria se extiende alguna mano acariciadora en forma de pago, mientras que otros espectadores optan por mirar para otro lado sin importarles lo que sucede en el frente, tal vez por estar sentados en cómodas butacas, o quizás porque el aire acondicionado o la calefacción alteran su conducta.
Cae el sol en la ciudad de Junín, atardecer de primavera, toman sus bicicletas y se marchan hacia algún lugar, acompañados de risas y un viejo perro que nunca los abandona.
Son los futuros de la avenida los que tiene como institución la calle, observados por los ojos olvidados de la sociedad, sometidos a saltar etapas para convertirse en adultos, pasando por un mundo que cree no tener lugar para ellos.

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