martes, 15 de noviembre de 2011

Sin reloj


Le esquivo al reloj, no me gustan las horas de la noche para ir a dormir. Me niego de saber los minutos, prefiero no mirar aquel rectángulo antiguo ubicado en la pared del living que me delatará que ya es tarde para poder seguir despierto. A veces me imagino cómo sería la vida sin dormir, aunque me teletransporto al invierno y no me parece lo correcto.
De lo contrario terminaríamos haciendo una crónica de Cristian Bale interpretando El Maquinista; empapelando nuestra casa con anotaciones para saber en qué presente vivimos o como si fuera poco los psicólogos de turnos se harían festines al compararnos con los personajes de Lost In Translation.
Me pregunto dónde estarán “los futuros de la avenida” por estas horas.
Hoy los vi, fue a la tardecita, dos en una bicicleta Musetta y otro en un rodado más pequeño casi sin color. El mayor vestía la camiseta de boca, su acompañante una remera blanca y bermudas marrones, el otro un poco más adelantado le corría carreras a las motos que circulaban por calle Doce de Octubre. Algo estaban tramando, susurraban por lo bajo y observaban el movimiento de la ciudad. Les pasé por al lado con la intención de que me reconocieran y sintieran que no estaban solos, y así hacerles sentir que alguien más que ellos intuía que alguna maldad estaban por cometer. Me saludaron, los saludé, se miraron entre sí, se rieron con lenguaje privado, aceleraron su marcha y siguieron su camino.
Vuelvo a casa, no quiero dormir. El rostro de felicidad de un niño y sus mejillas pintadas de los colores del cielo me dicen que Argentina le ganó a Colombia. Atrás quedará el pálpito del pibe Valderrama que solo le servirá para las estadísticas de su inconsciente. Leo la crónica de un partido que observé. Le ganamos dos a uno a Colombia, sumamos de a tres en las eliminatorias. Todos somos Dt y nadie está conforme con nuestra selección, tampoco estamos conformes cuando nos miramos al espejo.
Es la madrugada no quiero dormir. Levanto mi cabeza, miró un viejo y golpeado equipo aiwa, su pantalla marca el tema trece- pasalo diría un amigo supersticioso con los números, que tampoco escucha música en el volumen diecisiete- una voz gallega grabada en el año noventa y siete en estado puro de alta suciedad me recuerda que “no conoce mal que resiste a veinte horas de sueño y un prudente ayuno”. Me resisto, prefiero no dormir, dejo de escribir, aunque su receta(*) es de los más acertada para los tiempos que corren
(*)…ayuno quiere decir, por ejemplo tomar gazpacho y ajo blanco y en invierno guisos con abundante tocino y pan. Y darse cuenta de que no siempre que uno piensa que se va a morir y que está hecho polvo se muere uno y entonces si tenemos miedo no evitamos el dolor. Pero encima lo anticipamos quiero decir para seguir viviendo a veces con tal de estar sanos vamos a hacernos chequeos. Nos preocupamos porque nos ha salido una mancha un dolor; nuestra meta es vivir largo tiempo y claro en el fondo no pretendemos vivir largo tiempo pretendemos vivir a secas pretendemos vivir. Si uno intenta vivir largo tiempo el día a día se puede envenenar bastante pero si uno no intenta cuidarse tampoco es buen plan, uno confunde la valentía con la temeridad, se granjea grandes cantidades de dolor de modo que es muy delicado. Cuentan de Alejandro que una vez se metió en un río tumultuoso de la India, todo con barro persiguiendo al ejército que peleaba con él y que cuando iban en mitad los caballos perdieron pie, aquellas aguas estaban heladas y se volvió a sus compañeros y les dijo: "me cago en la leche os dais cuenta las cosas que tengo que hacer para que me tengais respeto?" eso pasa poco ahora, eso pasa poco ahora. Respeto, respeto, respeto...

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